‘Turandot’, de Giaccomo Puccini, podrá verse el viernes en el Apolo desde el Teatro Real

‘Turandot’, de Giaccomo Puccini, podrá verse el viernes en el Apolo desde el Teatro Real

Después de que cientos de niños disfrutaran este fin de semana de Real Junior, con dos obras familiares, el Teatro almeriense volverá a abrir un palco con miras al espacio escénico de la capital

Cientos de niños y niñas llenaron el Teatro Apolo el sábado y domingo con las obras ‘La Pequeña Cerillera’ y ‘Omelette’. Dos representaciones del Teatro Real que fueron proyectadas en el espacio almeriense, en virtud del convenio firmado con el Área de Cultura, Educación y Tradiciones del Ayuntamiento de Almería. Este viernes, 28 de diciembre, a partir de las 20.00 horas y en el marco de la programación de Navidad, será el turno de ‘los mayores’ con la ópera ‘Turandot’, de Giaccomo Puccini. La entrada es libre hasta completar el aforo.

La última ópera de Giacomo Puccini no necesita introducción. Tras 20 años de ausencia, ‘Turandot’ regresa al Teatro Real de la mano de una nueva producción firmada por uno de los directores capitales de los siglos XX y XXI: Robert Wilson, creador de imágenes inolvidables en sus producciones de ‘The Life and Death of Marina Abramovic’ y ‘Pelléas et Mélisande’. Al frente de un reparto estelar encabezado por Irene Theorin, Gregory Kunde y Yolanda Auyanet, el director musical asociado del Teatro Real, Nicola Luisotti, dirige uno de los grandes títulos del repertorio italiano.

Giacomo Puccini escribía la que sería su última ópera mientras tanto él –en su enferma vejez– como el mundo que le rodeaba, inmerso en convulsos avatares políticos, se tambaleaban. No dejó por ello de trabajar a conciencia una obra que, por desgracia, dejaría inconclusa. Basada en un poema épico persa del siglo XII, ‘Turandot’ permitía al compositor adentrarse en un nuevo universo sonoro y argumental. El exotismo, erotismo y lejanía espaciotemporal sin duda le sedujeron, como lo hizo un personaje del peso de la protagonista: la princesa china aparentemente incapaz de amar que, sin embargo, termina abandonando su sed de decapitar a sus pretendientes al verse cautivada sin remedio por uno de ellos.

La transformación de princesa cruel con rasgos patológicos y sádicos a mujer vulnerable y enamorada se vive de forma ritualizada. Pero, además, Puccini puso especial empeño en hacer comprensible, como nunca antes, la psicología del personaje y su evolución interior. En las cartas que el compositor escribió en la época se lee una inequívoca ansia de compartir su proceso creador, con sus inevitables altibajos. En ellas queda reflejada la pasión por el trabajo en que estaba inmerso y por un oficio al que consagró toda su vida, con el que tanto reconocimiento obtuvo antes de sorprenderle la muerte.