Almería Cultura Las Criadas

La nueva versión de ‘Las Criadas’ sintetiza las bajas pasiones del ser humano en una quirúrgica puesta en escena

La adaptación de Paco Bezerra de la obra de Jean Genet ofrece un ritmo vertiginoso y unas impresionantes interpretaciones de Ana Torrent, Alicia Borrachero y Jorge Calvo

Sin descanso, sin pausa, sin aire con el que coger aliento, sin piedad, sin moral. El Auditorio Municipal Maestro Padilla vivió anoche una de esas grandes noches de teatro al que está acostumbrado en cada una de las temporadas de la programación del Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería con una nueva versión de la obra del dramaturgo francés Jean Genet, ‘Las Criadas’. En esta ocasión a partir de una traducción y adaptación del almeriense Paco Bezerra. Todo ello con la magistral dirección de Luis Luque y un elenco de auténtica excepción con Ana Torrent y Alicia Borrachero, Claire y Solange, en los papeles de criadas y de Jorge Calvo en el papel de Señora.

La relación entre ‘criadas y señoras’ ha sido una fuente de inspiración constante, llevando al extremo la deshumanización de la burguesía más opresora, tanto en el cine como en la televisión o la literatura. Pero la obra de Jean Genet no tiene una única lectura, como bien interpreta Bezerra en su adaptación. El dramaturgo francés la escribió en 1947 a partir de una historia real sucedida en París poco antes. A ello, se suma que lo hizo estando en la cárcel, que tiene su propio juego de roles de superiores y oprimidos, y también todavía con los ecos de la Segunda Guerra Mundial resonando en el colectivo. Asesinos, asesinados.

Con todo ello, ‘Las Criadas’ ha sido considerada en la historia de la literatura como una obra clave en su capacidad de reflejar las más bajas pasiones y vilezas del ser humano. El disfrute en el sometimiento al que considera menor, la envidia que corroe, el odio, la frustración, la miseria… llevadas al extremo hasta abrazar sin ambages la propia locura. Respetando esas intenciones, Paco Bezerra y Luis Luque hacen un texto de altísimo ritmo y una quirúrgica escenografía, para sintetizar al máximo las posibles distracciones y sobrecoger con la crudeza del texto y la interpretación.

Luces frías, ambientes gélidos, como los de un quirófano, vestuario de blanco nuclear para las protagonistas, unas Ana Torrent y Alicia Borrachero abrumadoras, y una arrogancia contenida y sobria de Jorge Calvo. Todo sumó para que los espectadores se contagiaran de ese ambiente opresivo y asfixiante que las hermanas provocan con ese ritual en el que Claire interpreta el papel de la Señora, y Solange el de Claire, permitiendo el desahogo y la liberación de tanto odio reprimido con su jefa… y entre las propias hermanas. Porque, como si de una infección se tratara, cuando se abre la puerta a la liberación de las emociones más sucias, acaba contagiando e infectando a las más bellas, llegando a una insoportable vida propia.

En ese juego de roles y piramidal, el ser humano ensoñado por Rousseau acaba sucumbiendo entre planes de asesinato que se salen con la suya desde el momento en el que se conciben. Que la tila envenenada se la tome la Señora o una de las criadas ya es un tema menor desde el punto de vista ético y moral, porque al final el mal está hecho.

En la adaptación, mención añadida para ese guiño reivindicativo e irónico que hace Bezerra al mundo del teatro, cuando la Señora asegura querer desprenderse de todos los vicios mundanos, vestidos, champagne, cenas, galas, “y el teatro, ¿el teatro para qué? Al teatro, ¡nunca! Para eso me quedo en mi casa”.

Por suerte, el teatro sigue vivo y ofrece obras emociones e interpretaciones tan rotundas como ‘Las Criadas’.