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Julio Béjar revive el sueño volador de Yago Lamela en la sobrecogedora ‘8,56’

El Teatro Apolo vuelve a colgar el ‘entradas agotadas’ para la segunda obra del Programa Delicatessen del Área de Cultura y Axioma Producciones

¿Qué grado de responsabilidad tiene la persona que ve cómo los hechos que observa se encaminan hacia un final trágico y no hace nada para evitarlo? La historia de Yago Lamela es la de tantos juguetes rotos, la consecuencia que resulta de la popularidad instantánea, a veces desproporcionada, la que alimenta los aires de notoriedad y, también, los efluvios de una pretendida inmortalidad ante la gesta heroica. Un sino acentuado en deportistas de prácticas minoritarias, como el atletismo, y que ayer cobró vida con ‘8,56’, del dramaturgo almeriense Julio Béjar. La obra se representó ayer en el Teatro Apolo, colgando de nuevo el cartel de ‘entradas agotadas’, siendo la segunda cita del programa Delicatessen, organizado por el Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería y Producciones Axioma.

Ganadora del I Certamen Esos Textos Ocultos y ganador de Residencia en el Espacio Guindalera, ‘8,56’ es una obra de ficción a partir de la vida del atleta asturiano que voló hacia una marca “histórica e imposible para el hombre blanco”, pero que siempre se sintió de manera errónea ‘a la sombra’ del cubano Iván Pedroso. Por el camino, ansiedad, soledad, lesiones, ser manejado para los intereses espurios del poder más gélido y por los infiernos de la tele basura.

Con un reparto formado por Federico Ortiz, Javier Lago, Carlos Cepa, Silvia Morell, Joseph Ewonde Jr. y Tanea Peña, el texto aborda su historia, la de un muchacho que, para poder entrenar, hacía cada día dos horas de autobús y tres kilómetros a pie hasta llegar al estadio. Saltó de Avilés al podio mundial con una marca imposible. Un salto histórico de 8,56 que le valió una plata mundialista y un record de Europa que mantuvo durante diez años.

En un ambiente opresivo y sobrecogedor, Béjar propone brillantes efectismos escénicos como los de las luces estroboscópicas, la fría ironía de la ambición representada por el típico ‘hombre de traje gris’ (aunque fuera azul) con vídeos de toneladas de cemento en el tres veces proyectado intento de llevar las olimpiadas a Madrid y el uso tendencioso de la ‘marca España’, la angustiosa e inesperada interpelación al público, la frustración del entrenador como toma a tierra envenenada, la conversación ficticia con Pedroso, desde la pantalla o, incluso, un fácil símil del protagonista con Cristo, arrodillado y con brazos abiertos, pidiendo “qué más queréis de mí”.

La sorpresa final de Béjar es que, pese a que hace empatizar con el drama del incomprendido y aislado que tan sólo quería seguir volando, ya sea desde la pista, saliendo del estadio en sus sueños o pilotando un helicóptero, en la última escena hace al público cómplice de la desdicha, justo cuando provoca que desde el patio de butacas también se acompañen las palmas del gran salto para, con el escenario en negro, dejar en el ambiente el eco de la irreparable ausencia.

Sobre Julio Béjar

Actor, dramaturgo y poeta almeriense, estudio en la Resad, Université Lumiere de Lyon con Manuel Vilas, Antonio Orejudo, Mar Navarro, Claudia Castelucci… Trabajó con La Cubana, La Duda, Ardiles Company, fundó La Confluencia, ha sido columnista en La Voz de Almería y profesor de escritura dramática.

‘Aura’ fue su primera obra dramática, tras sus libros de poemas –premios Ciudad de Tudela y Fernando Quiñones-, y su adaptación a la escena de ‘Manual de Uso Para Mudanzas’.