Julio Ruiz

Enorme ejercicio de elegancia y pasión en ‘1993’, el espectáculo del bailaor almeriense Julio Ruiz

Acompañado por los cantaores Antonio Campos y Jesús Corbacho y la guitarra de José Almarcha, el Maestro Padilla vivió un nuevo capítulo de una trayectoria en constante crecimiento

Sin abandonar la escena ni un segundo, el bailaor almeriense Julio Ruiz volvió a demostrar su enorme versatilidad sobre las tablas con el estreno oficial de ‘1993’. Un espectáculo en el que sigue ahondando en la perfección de las formas, en la elegancia combinada de manera alícuota con la pasión que desborda en cada uno de sus movimientos.

Anoche, el público del Auditorio Municipal Maestro Padilla asistió a un nuevo capítulo de la senda de crecimiento de Julio Ruiz, que estuvo acompañado por tres escoltas de auténtico lujo, como los cantaores Antonio Campos y Jesús Corbacho, y el guitarrista José Almarcha, encargado además de la dirección musical. Pese a ser un montaje casi autobiográfico, su desarrollo dejó clara el sello del director escénico, Daniel Doña, uno de los valores más sólidos de la danza española actual y más la aportación de Rubén Olmo, premio nacional de danza en 2015.

Con estos ingredientes, el talento indiscutible de Julio Ruiz solo podía brillar. Y lo hizo desde el inicio por tangos de Granada y levantó la ovación popular con un montaje especial de fandangos de Almería. Desbordante de energía, el bailaor solo se tomó la licencia de sentarse unos minutos mientras Almarcha sacó brillo a las cuerdas por alegrías.

Tras este interludio musical, asentado en las cintas que se fueron desplegando en el suelo en el desarrollo del espectáculo, se ganaron una destacada mención los dos cantaores, Antonio Campos, con unas imponentes tonás donde se apreció ese fondo flamenco clásico que atesora su tesitura vocal, y Jesús Corbacho, grácil y eléctrico en la soleá por bulerías.

Para terminar, todavía Ruiz mostraría su capacidad para la inventiva y su visión contemporánea del baila flamenco más arraigado por peteneras, donde no faltó el recuerdo a dos de los mejores exponentes del género, La Niña de los Peines y Naranjito de Triana, para terminar el fin de fiesta, como mandan los cánones, por bulerías. Un colofón que puso a los asistentes en pie, reconociendo el trabajo, la entrega, el arte, en suma.