Almería cultura ópera Carmen

El Auditorio se rinde a la plasticidad castiza de la ópera ‘Carmen’, el drama universal de Georges Bizet

La tragedia amorosa de una de las obras clásicas más interpretadas en todo el mundo deleita al público anoche en el Maestro Padilla

Una truculenta historia de engaños, manipulaciones, amores fatales, pasión desmedida y, finalmente, abocada a la locura final hacia la muerte, hacia el asesinato. Con un trasfondo que a día de hoy debe ser tomado como ejemplarizante, ‘Carmen’ desplegó anoche todos los encantos que le han llevado a ser la ópera francesa más interpretada de todos los tiempos y, también, una de las más reproducidas en todo el mundo cada año. De esta forma, tras las recientes ‘El Barbero de Sevilla’, ‘Madama Butterfly’, ‘La Boheme’, ‘La Flauta Mágica’ o ‘La Traviata’, el Auditorio Municipal Maestro Padilla volvía a recibir a la ópera en el marco de la programación de otoño del Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería, de la mano de Ópera 2001.

La compañía, que organiza y produce espectáculos líricos en todo el mundo, tiene como misión mantener vivas las obras más famosas del repertorio operístico, con el fin de que las jóvenes generaciones aprendan a amarlas en vivo. Y qué duda cabe de que ‘Carmen’ es una de ellas.

Con un cuerpo de actuación a la altura de sus protagonistas, fundamentales en el transcurso de las partes corales de la representación, desde el inicio del primer acto en la plaza de Sevilla a comienzos del siglo XIX, pasando por la taberna del segundo, el campamento en la montaña del tercero hasta llegar a los aledaños de la plaza de toros en el cuarto, el secreto imperecedero de ‘Carmen’ viene de sus inconfundibles cenit musicales. Desde el preludio inicial, pasando por la archiconocida habanera ‘L’amour est un oiseau rebelle’, la copla ‘Toréador, en garde!’, la marcha y coro ‘Les voici!’ o ‘La Liberté’ del final del segundo acto.

Porque, además de la trama meramente amatoria entre la gitana, el soldado y el torero, ‘Carmen’ también establece un juego de equilibrios entre los actos de obediencia del soldado, primero con su superior, después con la propia Carmen, con el libre albedrío de los contrabandistas y las cigarreras.

Durante más de tres horas, ‘Carmen’ desplegó su poderío operístico y textual, con libreto de Ludovic Halévy y Henri Meilhac a partir de la novela de Prosper Mérimée, con una ejecución desbordante y plástica, gracias a esa raíz folclórica tan española, acrecentada además con la colaboración del Ballet Español de Murcia. Una tragedia que se respiraba de manera fatal en cada paso de una historia que jamás debe traspasar la ficción.